Fijate cuánto me gustabas, que esa vez no me importó que el café estuviese quemado. Fijate que el deseo era tan fuerte que me olvidé del azúcar, pero giré la cuchara nerviosa tratando de triturar un terrón inexistente. Fijate que dejamos las tazas a un lado, y nos besamos. Fijate que fue la última vez y no dijimos nada. Caminamos de la mano y nos separamos lento. Pero fijate bien.¿Lo ves? Parece que aún no nos soltamos. texto: Carina Migliaccio ( foto Vivian Maier)
Me gusta mirar Buenos Aires desde la mesa de un bar. Volverla ficción. Y soñarla entre papeles.