martes, 14 de febrero de 2017

Café Rivas


Estados Unidos 302 (esq. Balcarce)


El amor a primera vista existe, y te puede suceder en el Café Rivas.
Al menos eso fue lo que sentí apenas vi su fachada: un edificio antiguo enmarcado por una santa rita fucsia, con un reloj colgante que parece invitarte a detener el tiempo con un café.

El Rivas no siempre se llamó así. En la misma locación existió antes, con parecida fisonomía, el bar Los Loros, y en la planta alta funcionaba el café concert El Nacional. 
No fue declarado notable, sin embargo está en una esquina histórica, y así lo anuncia  una placa que  señala que en ese sitio se encontraba el vértice S.E del tramado urbano de Buenos Aires, en la fundación de Juan de Garay de 1580.

Una vez adentro te encontrás con un espacio íntimo y elegante.
He leído varias descripciones en las que se habla de un estilo afrancesado o inglés.
A mí me recuerda a los cafés de Viena  por el mobiliario de líneas curvas, su madera, las lámparas art deco y su decoración sobria.

La barra curva se extiende a lo largo del salón. Copas y botellas añaden reflejos al ambiente. El esterillado del balcón, lo vuelve aireado.
Contra un ventanal, una lámpara engalana el secretaire  donde se exhibe pastelería.


Tiene un entrepiso pequeño que balconea sobre el salón, ocupado por tres mesas y un piano.
En una de sus paredes cuelga un cello.
Es como una caja de música.
Me siento envuelta en madera. Y también por un rato sumergida en un submundo europeo en pleno barrio de San Telmo.

Texto y Fotos: Carina Migliaccio/ Bar de Fondo.
















martes, 7 de febrero de 2017

Bar de Cao

Av. Independencia 2400

Un paseo por el barrio de mi infancia. Una tarde de lluvia. Un remate en el Bar de Cao.
Me parece que está muy bien tomar un café en un local fundado por dos hermanos, de algún modo cierra el círculo de lo familiar. 
Pero no me voy a hacer la etérea, no señores. Hay otra fuerza que arrastra a este bar. Y son sus jamones colgando ahí sobre la barra, tan al alcance y su promesa de picadas pantagruélicas.
La historia del Bar de Cao comienza en 1915 con una fonda que funcionaba en esa esquina de Independencia y Matheu. Alrededor de 1925 los hermanos Pepe y Vicente Cao, asturianos, provenientes del pueblo de San Tirso de Abres, se hacen cargo del local. Y ahí toma entonces  el nombre de La Armonía, funcionando como almacén y despacho de bebidas.
Pepe manejaba el bar y Vicente el almacén. 
Durante el gobierno de Perón, una reglamentación los obligó a dividir el local en dos: por Independencia estaba el almacén y por Matheu, el bar. La separación la marcaba el mueble en el que se almacenaban fideos, porotos, lentejas, arroz y azúcar que se vendía al peso, y que hoy está ubicado sobre la pared, a continuación de la barra.
Tras la muerte de Vicente en 1999, su hermano Pepe sostiene el negocio sólo 6 meses más. Y en el año 2000 cierra.

Lo que sigue es una lucha de supervivencia. Lo reabre un vecino, fotógrafo, Rosales, y lo llama El almacén. Fracasa. Lo maneja  el músico Jorge Muhary , lo llama Bar de Cao, pero no prospera.
Hasta que es administrado por el grupo gastronómico de Pablo Durán, y es reabierto en 2005 con una fisonomía que respeta el espíritu original y mantiene mobiliario.
 
El local es amplio, profundo, con mesas distribuidas con holgura. Y algo que me encanta, con muchas ventanitas individuales. Por varios rincones el cuadro es igual: una mesa, dos sillas, un ventanal. Y la inscripción de Cao pintada en los vidrios con un fileteado bien porteño.
La barra es larga, gruesa, robusta. Con tapa de mármol y frente en madera. Y detrás, muchas alacenas con botellas de época (tintos, oportos, vinos de postre) . Y destaco dos protagonistas: la cortadora de fiambres y la impresionante heladera con puertas de madera. Enamora, simplemente.
Al fondo del local, en una estantería tres objetos de colección: una caja registradora, una balanza y una máquina vieja de café.
Los pisos de mosaicos granítico, originales. Mesas oscuras, sillas haciendo juego. Aberturas de madera.
Café con budín.

Es una casa. Es una familia. Es el Bar de los hermanos Cao.

Texto y Fotos: Carina Migliaccio/ Bar de Fondo.




















jueves, 26 de enero de 2017

Café Oviedo

Av. Pueyrredón 1384


No es un bar notable. ¿Pero quién puede pasar por sus puertas sin notarlo?
Se abre como un ventanal hacia la avenida Pueyrredón, ahí nomás de la esquina con av. Santa Fe.
Tiene cerramientos de aluminio, bien a la antigua. Y mucha fórmica, hasta en las paredes, como si fuese una gran casa rodante estacionada.

Capturás el espacio de un solo vistazo, sin embargo en un lateral hay una escalera que no exploré, que no sé a dónde lleva. Y mejor así porque puedo imaginar que debe ser por ejemplo un salón privado, o incluso el acceso a la vivienda del propio dueño del bar.

El dueño es una de las joyas del local. Porque el mozo me cuenta que es el dueño original, y que "el pibe" (así lo llama cariñosamente) hoy sigue atendiendo con sus 89 años.
Se lo ve activo, atento. Se mueve con soltura en su casaca celeste detrás de la barra,  manejando la caja. Habla con los clientes. Ordena. Está en su mundo.

El mozo está vestido de forma clásica, uniforme blanco y pantalón negro. No importa que afuera en la ciudad haya 36º de temperatura.

El bar fue fundado en 1962. En 1969 se hizo una reforma y así quedó ! 

No sé por qué me atraen tanto esos reductos simples y sin pretensiones estéticas. Me siento habitante de un viejo tiempo. Hasta degusto el café con satisfacción, como comprobando que en esa taza, le estoy dando un sorbo a la verdad.

Texto y Fotos: Carina Migliaccio/ Bar de Fondo.