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Mostrando las entradas etiquetadas como 4. Bares que ya no están

Café Oviedo

Av. Pueyrredón 1384 No es un bar notable. ¿Pero quién puede pasar por sus puertas sin notarlo? Se abre como un ventanal hacia la avenida Pueyrredón, ahí nomás de la esquina con av. Santa Fe. Tiene cerramientos de aluminio, bien a la antigua. Y mucha fórmica, hasta en las paredes, como si fuese una gran casa rodante estacionada. Capturás el espacio de un solo vistazo, sin embargo en un lateral hay una escalera que no exploré, que no sé a dónde lleva. Y mejor así porque puedo imaginar que debe ser por ejemplo un salón privado, o incluso el acceso a la vivienda del propio dueño del bar. El dueño es una de las joyas del local. Porque el mozo me cuenta que es el dueño original, y que "el pibe" (así lo llama cariñosamente) hoy sigue atendiendo con sus 89 años. Se lo ve activo, atento. Se mueve con soltura en su casaca celeste detrás de la barra,  manejando la caja. Habla con los clientes. Ordena. Está en su mundo. El mozo está vestido de forma clásica, uniforme blanco y...

Café del Lector

Agüero 2502 El nombre completo es Macedonio, café del lector. Y está en los jardines aledaños a la Biblioteca Nacional, en la llamada Plaza del Lector que fue inaugurada en 1998. La plaza ocupa el predio que antes era pura maleza, en la esquina de Agüero y Av. Las Heras.  Apenas entrás por Las Heras, te topás con una rayuela grabada en sus baldosas, y ahí nomás te largás a soñar. El café está rodeado de árboles. No es un bar notable, pero tiene encanto. Hace algunos años, la primera vez que visité el café, un mago pasaba mesa por mesa  y asombraba con sus trucos. Fue la única vez que vi a menos de un metro de distancia como alguien doblaba una cucharita de plata con su mente. Esta vez volví con una amiga, y si bien no hubo truco, hubo magia. Es un bar querible, a pesar de que no tiene una fisonomía particularmente bella. Lo mejor está afuera. En el contexto de plantas y luces. En la silueta de la biblioteca como telón de fondo. En las exposiciones temporales que se...

Roli Bar

Perú y Humberto Primo   Era un pequeño bar de San Telmo. No era notable, pero para mí era significativo. Era la parada obligada cuando con mi mamá hacemos el trámite de supervivencia. Año a año después de pasar por la obra social, nos sentábamos en esas mesas sencillas . Y nos atendía  el dueño, un asturiano parco. Ella tomaba  su té con leche y yo un cortado en jarrito mitad y mitad. Y esa ceremonia íntima era un festejo secreto. Esta mañana  vine sola, para escribir una crónica sobre el bar, pero las persianas están cerradas. El trapito que cuida mi auto me dice que cerró hace casi un año.  Pienso en mi mamá, pienso a qué bar iremos cuando vengamos a hacer el trámite. Se me cruzan también malos presagios. Voy al bar de enfrente, pero mi mirada sigue en el Roli. Recuerdo que por suerte saqué una foto del interior la última vez que estuve, cuando recién pensaba en armar el blog. Saco ahora la foto presente. La foto de la pérdida. En el pri...

Confitería del Molino

Rivadavia y Callao Tiene el sabor de lo que ya no está. Y el encanto de lo que puede regresar. Hoy paso por la esquina de Rivadavia y Callao y veo las ruinas de El Molino. Pero igual su figura se impone.  Igual sigue manteniendo para mí el carácter de emblema. Mis recuerdos de infancia lo incluyen, en esas caminatas que hacíamos con mi mamá rumbo a la plaza del Congreso. Su puertas, que pocas veces atravesé pero que muchas soñé, prometían un espacio de placer y de fineza. La primera vez que entré a tomar el té a El Molino, pedimos una bandeja de masas (era lo acostumbrado), pero al ver que los precios eran por unidad la devolvimos intacta. Así que yo estaba adentro de la confitería, pero a la vez tan lejos ! Después volví antes del cierre (1997) y pude saborear aquello que antes sólo deseaba. No tengo una imagen precisa de la decoración sino una serie de parcialidades que se acumulan sin sentido, algo así como tulipas o arañas, espejos, marquetería dorada. Y na...

La Perla del Once

Avenida Rivadavia 2800 , esq. Jujuy Hoy inicio la serie de Bares. Y tengo que definir por cuál empezar. Dudo entre elegir uno bien típico, o alguno que sea insignificante pero querido para mí. Y al final empiezo por La Perla. Porque es parte de la historia del Rock nacional, y como me gusta cantar además de escribir, de este modo aúno dos pasiones. Además el día ayuda, porque llueve, entonces eso de ir al lugar donde nació La Balsa se me presenta como un guiño cómplice. Es curioso pero nunca había entrado a La Perla, aunque siempre circulé por esa zona. Fui testigo de su remodelación, pero siempre mirando el bar desde afuera. No es un café que destaque por su intimidad ni por su estilo. Sin embargo, me paro ante la puerta, veo las placas: Sitio cultural. Cuna del rock. Una cita de Flores robadas de los jardines de Quilmes. Y algo empieza a latir. Adentro: fotos de bandas, la imagen de  Tanguito, un LP de Litto Nebbia autografiado. Ya me conqu...