viernes, 3 de julio de 2015

Roli Bar


Perú y Humberto Primo

 
Era un pequeño bar de San Telmo. No era notable, pero para mí era significativo.
Era la parada obligada cuando con mi mamá hacemos el trámite de supervivencia. Año a año después de pasar por la obra social, nos sentábamos en esas mesas sencillas . Y nos atendía  el dueño, un asturiano parco. Ella tomaba  su té con leche y yo un cortado en jarrito mitad y mitad. Y esa ceremonia íntima era un festejo secreto.


Esta mañana  vine sola, para escribir una crónica sobre el bar, pero las persianas están cerradas. El trapito que cuida mi auto me dice que cerró hace casi un año.  Pienso en mi mamá, pienso a qué bar iremos cuando vengamos a hacer el trámite. Se me cruzan también malos presagios.

Voy al bar de enfrente, pero mi mirada sigue en el Roli.

Recuerdo que por suerte saqué una foto del interior la última vez que estuve, cuando recién pensaba en armar el blog. Saco ahora la foto presente. La foto de la pérdida.

En el primer piso del edificio  está el atelier de Martiniano Arce, un artista del fileteado porteño. La esquina continúa despertando mi fantasía y eso me consuela.

Adiós bar de Roli. Tu persiana negra parece  la placa final de una película. Afuera está la realidad, pero por mí, seguiría viendo la proyección.




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