martes, 5 de enero de 2016

El Viejo Buzón

Neuquén 1100- esquina Espinosa


Hace exactamente un año inicié este blog. Y entre los preparativos principales de apertura, estuvo la elección de la foto de portada. La imagen es la del bar-pub El Viejo Buzón , del barrio de Caballito.
La elegí por estética, por el color verde, por las sillas thonet y porque la foto mostraba en el interior del bar un cuadro que replicaba al bar. Puesta en abismo.
Así quería que fuese mi blog: que cada relato, cada observación, cada foto, fuese el retrato de un momento en un bar particular, pero que a la vez replicase en forma extendida el sentimiento que una persona como yo, como cualquiera, puede sentir en una mesa de bar.
Lo curioso es que no visité ese bar en forma inmediata. Lo dejé para el cumpleaños de Bar de Fondo.
Así que ahora les presento al bar de la imagen.

El Viejo Buzón nace hace casi cien años como panadería y fue mutando de bar de espectáculos, a bar común y a lo que ahora se denomina bar-pub, ya que a la noche a veces se viste de show musical.

Está situado en el cruce escenográfico de 5 esquinas. El ventanal en ochava ofrece una maravillosa vista abierta al barrio.

El nombre remite al viejo buzón de correo, de color rojo que está justo a la entrada. Y su alma es básicamente verde, como el club Ferro que está a unas cuadras, y de cuya institución fue presidente el actual dueño Felipe Toto Evangelista.
Este mismo dueño fue quien inició una murga en los tiempos de recuperación de la democracia, murga de la que se exhibe el traje y la bandera: Los duendes de la cortada.

La esquina fue declarada notable en 1993  pero recién en octubre de 2014 el bar fue nombrado Notable. Fundamentalmente por su carácter cultural y aglutinador del barrio.
En su interior funciona la Radio Conectividad.

Hasta acá los datos.
Ahora les cuento como me sentí yo al entrar al bar. Sentí que me encontraba con un amigo al que sólo conocía por fotos.
Y no me defraudó.

El bar es muy personal. Es arriesgado, muestra lo propio sin un orden claro. Es auténtico.
Es simple: tiene mesas de caño, manteles-caminos de cuerina, vasos durax color ámbar.
Banderines, adornos, cuadros, grullas de origami, peluches, objetos antiguos, fotos de cantantes. 
Todo mezclado, pero todo tan apropiado y tan real.

Y la gente que entra, se sienta, pide, charla, y se mueve como si estuviese en la cocina de su casa.

Era una tarde de calor. Igual tomé mi cortado. Lo hice brindando íntimamente por más recorridos y bares. Por más historias para contar. Y créanlo, el viejo buzón me abrazó, con el cariño que nos transmiten los lugares con historia.








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