lunes, 27 de abril de 2015

La Academia

Callao 338

Hoy tengo un día azul. Y eso significa para mí un día atravesado por la nostalgia. Es que estoy caminando las cuadras del barrio de mi infancia.
Entonces tengo el impulso de entrar en  La Academia. Nunca había entrado. Lo asociaba con un bar masculino, quizás por su fachada, o por la presencia de billares. Pero hoy me dieron ganas. Y acerté.
Porque su espacio interior me proporcionó un cobijo perfecto para transitar este tiempo azul que me invadió.
Sin embargo, la gama de colores que se despliega ante mí es fundamentalmente verde [paredes y  paños de las mesas de billar] y bordeaux. 
Abundan los detalles en madera, los faroles [sí, faroles como si esto fuese un patio en pleno Callao], espejos y relojes. 
Los ventiladores de techo agitan el viento de otra época. Hacen juego con el otoño.
La Academia. Firme en la gran urbe, desde 1930.
Me siento junto a la ventana y pido un cortado.
Escucho el ruido de los tacos y las carambolas. Sé que antes de irme voy a visitar la zona de billar. 
La decoración me sorprende: cuelgan vinilos entre los que descubro el mítico long play de colores del viejo programa de TV Alta Tensión. 
Aprovecho y hago un paneo final, desde el fondo hacia la entrada. El bar me llena, me suspira, me conmueve.







 

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