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Oráculo Porteño




Tengo  una amiga que no para de abrir galletas de la suerte. Después se la tira contra los chinos porque le salen frases incomprensibles y una serie de números abajo que no sabe si tiene que jugarlos a la quiniela o si esconden una cifra secreta y única que resume su destino.

En cambio yo apuesto a lo nacional y leo mi suerte en los sobres de azúcar de los bares.

¡Ah…eso sí que es poesía pura! 

¿Ustedes leyeron esos sobrecitos? Quién no. Si están ahí al alcance de la mano.

Quien no jugó alguna vez a cerrar los ojos, tantear y sacar uno, pensando que esa frase le daría un mensaje apropiado para ese momento. Un pronóstico también. Como si fuese una pitonisa urbana que te canta la justa.

Ahora, la cosa se fue deteriorando un poco. Porque antes las frases eran más elaboradas, pedorras, es cierto, pero elaboradas.

A mí me gustaban las de café El Continente. Tenía frases como:

“la posición que se adopta para trepar, es la misma que para reptar”

Y entonces vos leías eso y veías representado exactamente a tu compañero de oficina, ese que no soportás. Y sentías que el universo estaba de tu lado.

O frases como: “Qué es nuestra imaginación comparada con la de un niño que tiende las vías de un ferrocarril con espárragos”

La pucha, flor de imaginación tenía el que escribía esas frases.

En cambio desde hace un par de años, los sobrecitos se renovaron. Se volvieron 2.0.  Y ahora tienen inscriptos tweets.

Con lo cual se me complicó un poco la rutina de leer mi pronóstico porque me aparecen frases como: “mejor lolo que mal acompañado” “mi almohada da unos consejos pésimos” “actitud mata talento”

Y hay que buscarle la vuelta para ver en eso alguna señal.

Pero bueno, es más fuerte que yo. Así que cada vez que estoy en un bar, siempre, irremediablemente caigo en la trampa de los sobres de azúcar. Algunos hasta los conservo. Y los llevo por un tiempo en la cartera. Está bueno llevar a mano el propio destino.



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