lunes, 10 de octubre de 2016

Rodi Bar

Vicente López 1900 (esq. Ayacucho)


Siempre llamó mi atención este bar-bodegón  cuya imagen remite a un acogedor bar de barrio. Lo raro es que se encuentra en pleno Recoleta. 
La fachada sobria, el nombre poco pretensioso, los mozos clásicos y sonrientes, la barra de madera oscura, las fotos y cuadros de las paredes, y los platos del menú, te llevan a otro contexto: a uno familiar, sencillo y cálido.
Muchas veces paré en el Rodi bar en horarios insólitos o inoportunos para tomar un café. ¿Vieron por ejemplo cuando están todos los manteles puestos con el servicio armado para la cena? ¿O cuando ya pasaron más de la medianoche y todos los otros restaurantes están cerrados?. Bueno, ahí, de una u otra forma, siempre me habilitaron una mesa para mi café.
El otro día fui especialmente con la intención de escribir esta crónica. Hacía mucho tiempo que no visitaba el lugar. Encontré la fachada recliclada, más límpida, pero con la misma identidad.
Entré y pedí un cortado, que me fue servido sobre una mesa enmantelada. 
Empecé a recorrer el lugar y a sacar fotos.
Desde una de las mesas un señor me pregunta ¿las vas a subir a alguna página?. Si le digo, tengo un blog. ¿Usted es el dueño? Sí, me contesta, soy Antonio. 
Y a continuación me cuenta con una sonrisa algunos secretos de los objetos que decoran las paredes.
Como una impactante pintura, que fue hecha por un tenista, docente y miembro del Tenis Club Argentino, Carlos Lynch, recientemente fallecido. O las alegres serigrafías otorgadas por Páez Vilaró, que también visitaba el bar. O camisetas de fútbol originales firmadas por los integrantes del equipo.
El local se fundó el 31de julio de 1967. Y me alegra que conserve la fisonomía, y sobre todo ese gusto tradicional y barrial.
Me sucedió algo que pocas veces me pasa cuando voy a un bar, y es que chusmeé la carta, y al ver que tenía tan ricos platos, decidí que horas más tarde, después del cine, ese sería el restaurante ideal para cenar. Y no me defraudó.
Así que si bien no es un bar notable, puedo asegurarles que para mi corazón, que ama lo auténtico, el Rodi Bar, se instala en esa lista sin necesidad de títulos.