martes, 1 de noviembre de 2016

Café de la Esquina

Av. del Libertador 6196

Las esquinas parecen ser los lugares privilegiados para los cafés.  Hay muchos bares en esquinas, pero uno solo notable que se llama justamente así. 
El Café de la Esquina, queda en Libertador y Olazábal, pero, ajeno a la gran avenida, conserva todo el aspecto y el clima de un café de barrio.  
Es tan “esquina” que el farol, lo tiene en el interior. Ese detalle me pareció muy simpático. Me imaginé a un compadrito apoyado en la luz, esperando a su percanta, pero adentro del bar.

Y no es el único elemento pintoresco que tiene en su decoración.
Hay cartelería de publicidades antiguas;  fotos  de gente desconocida (algunas de casamiento como si fuese un gran álbum abierto a la melancolía);  retratos de grandes comediantes argentinos (Fidel Pintos, Sandrini, Olmedo, Minguito); una salamandra; una alacena antigua; un cartel de teléfono público. 
El edificio es de 1906. Primero fue utilizado como vivienda y luego dejó lugar a un histórico billar y confitería. En 1983 se fundó el café, creado por tres amigos del colegio secundario que quisieron mantener una atmósfera del pasado y proponer un espacio de encuentro para la gente del barrio.
Predomina el color ocre en las paredes y la madera oscura en machimbre y boisserie. La barra tallada en la que se disponen bebidas y una caja registradora antigua otorga un aire de pulpería.
Mesas rectangulares de tamaño pequeño, típicas sillas y mucho ventanal para asomarse a la ciudad. La iluminación con tulipas amarillas acrecienta la calidez del bar.
La promesa del clericó y la sidra tirada, que se anuncia en los carteles, me tienta para una próxima visita. Mientras me tomo un rico cortado.
Como un pasadizo a la vida cotidiana del pasado, el Café de la Esquina nos atrapa apenas abrimos la puerta.