jueves, 26 de enero de 2017

Café Oviedo

Av. Pueyrredón 1384


No es un bar notable. ¿Pero quién puede pasar por sus puertas sin notarlo?
Se abre como un ventanal hacia la avenida Pueyrredón, ahí nomás de la esquina con av. Santa Fe.
Tiene cerramientos de aluminio, bien a la antigua. Y mucha fórmica, hasta en las paredes, como si fuese una gran casa rodante estacionada.

Capturás el espacio de un solo vistazo, sin embargo en un lateral hay una escalera que no exploré, que no sé a dónde lleva. Y mejor así porque puedo imaginar que debe ser por ejemplo un salón privado, o incluso el acceso a la vivienda del propio dueño del bar.

El dueño es una de las joyas del local. Porque el mozo me cuenta que es el dueño original, y que "el pibe" (así lo llama cariñosamente) hoy sigue atendiendo con sus 89 años.
Se lo ve activo, atento. Se mueve con soltura en su casaca celeste detrás de la barra,  manejando la caja. Habla con los clientes. Ordena. Está en su mundo.

El mozo está vestido de forma clásica, uniforme blanco y pantalón negro. No importa que afuera en la ciudad haya 36º de temperatura.

El bar fue fundado en 1962. En 1969 se hizo una reforma y así quedó ! 

No sé por qué me atraen tanto esos reductos simples y sin pretensiones estéticas. Me siento habitante de un viejo tiempo. Hasta degusto el café con satisfacción, como comprobando que en esa taza, le estoy dando un sorbo a la verdad.

Texto y Fotos: Carina Migliaccio/ Bar de Fondo.
















jueves, 5 de enero de 2017

Café Tortoni

Av. de Mayo 825


Café Tortoni

Av. de Mayo 825

El café Tortoni es considerado el bar más emblemático de Buenos Aires. Escribir sobre él me parece una tarea inabarcable. Pero lo voy a hacer a mi modo. Con mi propia sensibilidad. No voy a contar todo pero voy a contar lo que significa para mí, y lo que me transmite.

El Tortoni, para mí, es fundamentalmente el lugar en donde mi papá tomaba la leche merengada más rica de la ciudad. Y esa declaración me despertaba una curiosidad infinita. Porque cuando yo era chica sólo conocía eso que decía la canción: "me da leche merengada/ ay que vaca más salada".

Pasaron varios años hasta que mi papá me llevó con él a probar la famosa leche. Y muchos años más para que yo, ya adulta, descubriese el placer de sentarme en la mesa de un bar a tomar un café. 


Esta vez vuelvo al gran Tortoni para escribir la crónica. Y lo hago una tarde en la que curiosamente no hay fila de turistas agolpados a sus puertas. Así que tengo todo el espacio y todo el tiempo para recorrerlo. 
Qué imponente es. Qué bello. Cuántos cuadros, fotos, carteles, dibujos, se exhiben en sus paredes. Y esos vitrales en los techos. Es una maravilla.

Es el bar más antiguo de Buenos Aires, que sigue en funcionamiento. Fue fundado en 1858 por un inmigrante francés llamado Touan, que tomó el nombre y se inspiró en el Tortoni de París. A finales del siglo XIX fue comprado por otro francés, Celestino Curutchet, quien le dio ún más brillo.

Otro hito importante fue el de la apertura de su entrada por la flamante Avenida de Mayo, en el año 1894 un 26 de octubre (y por eso se declaró esa fecha como el día de los bares notables)

El edificio es de estilo neoclásico. Su fachada fue realizada por el arquitecto Christophersen.

Y de nuevo  viene a mi memoria y a mi corazón la imagen de mi padre, también arquitecto. Como si estuviese sentado junto a mí en esta mesa de mármol, susurrándome detalles de su estilo. Diciéndome por ejemplo que las columnas tienen capitel corintio.


En el salón central hay casi cien mesas de mármol veteado verde y blanco, con elegantes sillas de roble y sillones de cuero.
Al fondo tres salones: el salón César tiempo, donde antiguamente funcionaba la peluquería; la sala Alfonsina Storni, antes salón de familias; y el salón Eladia Blázquez, que en sus inicios fue salón de billares.

Por sus mesas  pasaron Borges, Alfonsina Storni, Quinquela Martín, Conrado Nalé Roxlo, Roberto Arlt, Molina Campos, Pirandello, Federico García Lorca, Cortázar, y hasta Carlos Gardel, que cantó dos veces en el café y que fue durante un tiempo habitué del lugar.

Su bodega fue habilitada en 1926 para la famosa Peña formada por los intelectuales que allí se reunían. Después fue refugio de grandes conciertos, y espectáculos siendo por años escenario de la  Fenix jazz band.

Tomo mi cortado y siento que laten en mí los ecos de aquellos que hicieron historia. 
Me dejo tentar y compro de recuerdo una taza con el logo.

Y elijo como remate una frase de Ramón Gómez de la Serna que inspirado en el Tortoni escribió 
"Nada se parece tanto a la luna como la mesa de mármol de un café"