miércoles, 17 de febrero de 2016

Café del Lector

Agüero 2502


Café del Lector

Agüero 2502

El nombre completo es Macedonio, café del lector. Y está en los jardines aledaños a la Biblioteca Nacional, en la llamada Plaza del Lector que fue inaugurada en 1998.

La plaza ocupa el predio que antes era pura maleza, en la esquina de Agüero y Av. Las Heras. 
Apenas entrás por Las Heras, te topás con una rayuela grabada en sus baldosas, y ahí nomás te largás a soñar.

El café está rodeado de árboles. No es un bar notable, pero tiene encanto.
Hace algunos años, la primera vez que visité el café, un mago pasaba mesa por mesa  y asombraba con sus trucos. Fue la única vez que vi a menos de un metro de distancia como alguien doblaba una cucharita de plata con su mente.
Esta vez volví con una amiga, y si bien no hubo truco, hubo magia.

Es un bar querible, a pesar de que no tiene una fisonomía particularmente bella.
Lo mejor está afuera. En el contexto de plantas y luces. En la silueta de la biblioteca como telón de fondo. En las exposiciones temporales que se presentan el la plaza. En las mesas al aire libre.
En la tranquilidad para leer un libro amparada por la quietud de este micro espacio tan urbano y a la vez tan natural.














viernes, 12 de febrero de 2016

Caffé Tabac

Av. Libertador 2300 esq. Coronel Díaz

 

Muchos estaban expectantes. Otros ya estaban resignados a una posible pérdida. Yo esperaba que resurgiera.
Es que el famoso Caffé Tabac se mantuvo cerrado durante un año y medio. Amurallado. Tapiado. Y en silencio.

Debo confesar que no era habitué del café, pero crecí viéndolo en esa esquina emblemática y tomando de vez en cuando un cortadito en sus mesas.

Era un café clásico, típico de los '80 y '90, con mucha clientela famosa (escritores, actores, deportistas, empresarios) y también un café de barrio.
Para mí particularemente  tenía un sesgo de levante, aunque nunca levanté a nadie ahí !  En mi imaginario trazaba una ruta canchera, onda Isidoro Cañones que hacía de  La Biela, Tolón, Rond Point y Tabac un circuito piola y seductor. En fin, uno suele etiquetar todo.

Y finalmente reabrió. Entonces me fui a visitarlo. Ya no era el mismo. No hay mesas pequeñas de mármol, ni sillas verdes, ni cortinados ni tulipas. Pero a mi me parece que está hermoso.

Conserva un toque de clasicismo, con mucha madera, colores ocres, el logo de la hoja de tabaco más refinado y labrado en las mesas, sillones cómodos de cuero marrón. La barra ocupa en gran parte del interior y algo muy importante: están los mismos mozos.

El café original abrió en 1968. Hoy,  defiende su estirpe y su esquina con honores. La ventana en ochava ofrece una vista escenográfica. También se amplió la zona de vereda, la terraza como dicen en europa. 

El café es ríquisimo. La clientela genuina. 
La experiencia completa me dejó un sabor reconfortante, un aroma a maderas, y una sensación dichosa como cuando lustrás un mueble y descubris un brillo que da vida aún a la superficie más gastada. 

Y con esta reflexión, digna de una publicidad de Blem, cierro esta crónica esperando que pronto visiten o vuelvan a Tabac.